Entrevista: Fernando J. López

“El egoísmo de los mayores no puede estar por encima de los derechos de los niños, y muchas veces se nos olvida”

Publicada en Escena Godot en abril de 2015

Sandra e Ignacio acaban de divorciarse. En común tienen doce años de un matrimonio que no funcionó y un hijo a punto de cumplir nueve que no acepta la nueva situación de sus padres. Ni a Sandra le apetece aguantar a Ignacio ni Ignacio está por la labor de fingir cordialidad ante Sandra, pero ciertos episodios escolares de su hijo les obliga a verse más de lo deseable. Esa es la sinopsis de De mutuo desacuerdo, la obra de Fernando J. López que llega a Madrid después de hacer algunas plazas en gira y de triunfar en todas ellas. Hablamos con el autor, también novelista, también profesor, sobre una comedia que protagonizan Toni Acosta e Iñaki Miramón bajo la dirección de Quino Falero.

Bueno, el tuyo es otro estreno en Madrid de un autor español vivo, cosa que nos gusta mucho y que espero que no sea excepción y se convierta en norma ya…

Sí, parece que de repente estamos saliendo a la luz muchos autores y de muchos estilos diferentes. Esperemos que esta eclosión se mantenga y se siga apostando por la autoría española, que llevamos muchos años viviendo de versiones y adaptaciones. Porque nadie como nosotros puede contar lo que está pasando aquí y ahora.

¿Cómo ha sido la recepción del público en los lugares donde ya se ha podido ver la obra?

Está siendo muy buena, la gente entra muy bien en la función, se ríen mucho en toda la hora y media que dura, y lo que más me interesa a mí particularmente es que los espectadores salen debatiendo después. Lo que propongo es una comedia con un fondo muy amargo, porque la base son dos personas muy heridas, y la dificultad de reconstruir tu vida, la paternidad y la maternidad, con alguien a quien ya no quieres ver. Pero no me gusta dar lecciones durante la obra. Yo creo que una comedia tiene que ser humor y que la reflexión la tiene que poner el espectador, tiene que estar ahí, latente, y lo que me gusta es eso, que la gente sale debatiendo, comentando, incluso a veces a los actores, a Tony y a Iñaki, les hablan y a mí me escriben a través de la web para decirme que se han sentido identificados, que su vida es así, que les ha pasado justo eso. Lo que pretendía es que el tema, que es un tema doloroso para mucha gente, porque ahora mismo es una situación muy común, se tratara desde el humor, desde esa fluidez, desde esa rapidez… el ritmo es algo muy importante en el texto y es algo que han trabajado muchísimo los actores y el director. He tenido la suerte de que la fluidez del texto y la búsqueda de esa cotidianidad han sido lo que han trabajado también en la puesta en escena. No lo han trabajado desde la caricatura, que era lo que yo no quería, sino desde la verdad. Toni defiende muchísimo el lado de Sandra, Iñaki defiende muchísimo el lado de Ignacio, y la idea es que el espectador se vaya moviendo del uno al otro, jugando una especie de partido de tenis, donde a veces estás con uno y a veces con el otro. En eso tiene un punto de conexión con mi obra anterior, con Cuando fuimos dos. A mí me gusta que no haya maniqueísmos, que no haya una razón absoluta.

Oye, una curiosidad, ¿sabías de antemano quiénes iban a ser los actores que interpretarían estos personajes? Porque parece que les viene como anillo al dedo… 

No, no, para nada. Yo escribí esto después de Cuando fuimos dos, que era más dramático, y que era una pareja homosexual en diferentes momentos de su vida, yo quería seguir abordando el tema de la pareja, y quería hablar de otra pareja, en este caso heterosexual, y con un problema totalmente distinto, el de la paternidad. ¿Cómo te enfrentas a la paternidad cuando tienes que aguantar a tu ex, tanto él como ella, y a las parejas de tu ex y a la nueva vida de tu ex? Al final tu ex siempre va a estar ahí porque tenéis un hijo o una hija en común. Y luego que es un problema que veo mucho cuando voy a los institutos a dar charlas con mis novelas, muchos chavales sacan el tema de un modo u otro, y a veces los adultos no nos damos cuenta de lo que marcamos la vida de estos adolescentes cuando los usamos como armas arrojadizas. Así que yo tenía claro el tema, tenía claro el por qué y luego tenía claro que quería una comedia, ácida. Y luego, a raíz de otra novela mía, Las vidas que inventamos, estaba de promoción con ella y tenía la sensación de que esa novela me pedía sacar cosas hacia el teatro y de la protagonista, que es Gabi, de alguna forma salió Sandra. El hecho de que luego los actores fueran Toni e Iñaki fue una maravillosa sorpresa, pero no lo sabía. Terminé el texto, se lo di a Quino, el director, Quino pensó en Toni, luego Iñaki, leyeron ambos la función y fue un enamoramiento colectivo brutal, los cuatro hemos creado un grupo de trabajo muy especial. Lo único que puedo decir son elogios. Sí que es verdad, como curiosidad, que hay un par de escenas que sí cambié una vez que ya eran ellos los actores tras una de esas reuniones tan creativas y gratificantes que hemos tenido. Aunque también estamos viendo en la gira que la gente se sorprende mucho con ellos, porque se les conoce mucho por la tele, su vis cómica es brutal, pero creo que dan un registro muy complejo en esta obra, porque para hacerlo desde la verdad hay que profundizar mucho y tienen un repertorio de interpretación estos dos… todo ese ritmo de la función, esa velocidad, cae sobre ellos, es un tour de force actoral tremendo, y sin bajar la guardia ni un segundo, porque en la comedia nunca puede bajar el ritmo. Para mí como autor es una suerte imposible de agradecer, estoy fascinado con ellos, con la entrega, cómo defienden el texto… es muy importante cuando ves que tú has escrito algo importante para ti y los actores lo defienden con ese mimo, es una experiencia preciosa.

Has apuntado algo ya, pero quería preguntarte hasta qué punto te ha influido la experiencia con los chavales, como profesor o en esas charlas cuando habláis de tus novelas juveniles… Porque en la función los protagonistas son los padres, pero el hijo es el gran personaje, ausente, pero al fin y al cabo el que propicia estos encuentros por el hecho de existir como tal…

Me han influido mucho, desde luego. Y a mí me venía muy bien ese símbolo de que el personaje ausente fuera el hijo, porque lamentablemente en muchos de estos conflictos el hijo se vuelve invisible, se vuelve un objeto que es motivo de pelea entre los padres, y a veces sufren situaciones verdaderamente kafkianas y difíciles. Esto me vino a raíz de conversaciones con amigas, de mis clases, de conversaciones con los lectores adolescentes. Hace poco me escribió un chico de 12 años, que me dejó muy perplejo, que fue a ver con su madre la función en la gira, y me dio las gracias por escribir la historia de su vida y que por primera vez alguien hablaba de él aunque él no estuviera en escena, porque claro, con esa edad, con los 9 años que tiene Sergio, el personaje, son muy conscientes de todo lo que sucede, y yo quería reflexionar sobre esto, que estamos en un momento en el que hay muchos modelos de familia, muchas formas, muchas diversidades, y hay que retratarlas, pero a la vez hay que hacer una reflexión sobre que en esos modelos de familia los hijos, los niños, tienen que tener una serie de derechos muy cubiertos y que el egoísmo de los mayores no puede estar por delante de esos derechos, y a veces se nos olvida. No se puede imponer por ley la custodia compartida u otra situación sin atender a la situación real de cada familia, de cada pareja, porque hay situaciones muy duras y muy complicadas y los niños pueden llegar a vivir situaciones muy difíciles. En este caso yo quería reflejar que tanto el padre como la madre tienen su parte mezquina y su parte positiva. Yo quería una obra real, porque el 90% de las situaciones que conozco son casos de personas que se han dejado de querer y no se dan cuenta que dejarse de querer tiene que ser ajeno a su rol de padre y madre. Por eso la estructura de la obra también es la de un curso escolar, ellos hacen un curso a la vez que su hijo y ese primer curso de divorcio, de aprender a gestionar la paternidad estando separados, van a tener que repetirlo. La vida es un eterno aprendizaje y no terminamos de salir del cole.

Hay un concepto muy perverso, que es el de la ‘familia disfuncional’, porque como tú dices hay distintos modelos de familia, pero no son más válidos unos que otros, y parece que todavía esto no está muy claro para según que instancias o instituciones…

Claro, por eso también quería que fuera una comedia. Yo estoy muy cansado de los modelos de familia que se transmiten en la narrativa, en el teatro, en el cine, en la tele, que al final siempre son “tradicionales”, “convencionales”, el modelo de familia “normal”, y a mí la palabra normal me asusta, no sé qué es lo normal en nada, y yo creo que todos somos familias disfuncionales, por suerte, y esa disfuncionalidad y esa diversidad es lo mejor que tenemos. Yo quería hablar de un modelo de familia que, si no es mayoritario, ahora mismo es muy abundante por suerte, en el sentido de que las relaciones se han vuelto mucho más múltiples, más cambiantes, más abiertas, más libres, y creo que hay que retratarlo sin desviar la mirada hacia las dificultades, que están en cualquier modelo de familia, no tiene nada que ver con el tipo de familia, pero sí presentar una situación que no suele estar en un escenario. Tenemos familias con grandes traumas cuando vamos a la tragedia o familias muy tradicionales o momentos muy convencionales dentro de estas comedias, y yo creo que la familia del siglo XXI es una nueva familia donde caben todos los modelos y todas las formas, y en cierto modo hay una parte de activismo en el texto o en mi forma de plantearlo. Por eso también es una comedia y hay una especie de final feliz, dentro de que yo quiero ser realista y no creo en los happy end tradicionales, pero sí creo que hay muchas formas de buscarte tu felicidad, tu camino, tu identidad y tus relaciones familiares.

También se deja entrever en la obra el tema de los roles de género en una situación así, cómo vive el hombre el hecho de tener que hacerse cargo de su paternidad, cuáles son sus objeciones casi culturales… y cómo la mujer también busca su espacio de libertad sin renunciar a la maternidad. ¿Te planteaste conscientemente que todo esto estuviera también ahí?

Sí, sí, la prueba es que los dos personajes hacen un viaje en la función al respecto. Los dos están muy marcados por los estereotipos, yo creo que creemos que estamos en una sociedad donde esos estereotipos no existen, pero es una falsa creencia, siguen existiendo. Sólo esa frase de “mi marido me ayuda mucho con los hijos” yo la escucho demasiado a menudo, y no es que tenga que ayudar, es que los hijos son de los dos, es una tarea compartida. Pero creo también que hay una generación de padres que cada vez se involucran más. Yo quería reflejar un personaje femenino que no viera en la maternidad su única forma de identidad, es más, Sandra lo que quiere es compartir, quiere darle la vuelta al conflicto, que parece que lo típico es luchar por la custodia, y aquí en este caso es luchar por compartirla, por tener un espacio de crecimiento en el caso de ella. Y también quería dejar claro, en el caso de él, que él tiene que romper sus propios estereotipos, porque no se habla mucho del estereotipo de la masculinidad, y es un estereotipo que pesa mucho, porque también tiene sus propios prejuicios, sus propios tabúes, sus propias normas, y romperlo tampoco es fácil, y eso se habla tanto a nivel del hijo, cuando hablan del tema del columpio, etc., como al final cuando Ignacio tiene un par de momentos que para mí son muy tiernos en los que tiene que elegir entre su nueva pareja y su hijo, y finalmente opta por su hijo. Su compromiso con la paternidad es muy firme, el problema es que no sabe en su vida cotidiana cómo compaginarlo, todavía estamos educándonos en eso, y estamos en camino hacia esa igualdad real, que de momento es una entelequia. Yo como profesor, de cada diez reuniones que puedo tener con padres de alumnos, recibo a 9 madres y un padre, y el padre suele venir cuando la situación es muy grave, no para lo cotidiano. Y luego, es verdad que todavía no hemos cambiado como deberíamos, pero no quería presentar una situación tópica padre machista y madre que sólo quiere ser madre, porque me parece que ni representa la realidad ni es el modelo de sociedad que yo quiero dibujar. Yo quiero dibujar dos personas, un poco perdidas porque los roles ahora mismo están muy desdibujados, porque no saben muy bien cómo gestionar todas las cosas que tienen que ser, y porque al final ser padre y ser madre es una responsabilidad tan grande que se suma a todas las demás cosas que son y no es fácil de reubicar. Pero no quería caer en tópicos, sino que ellos pelearan contra esos estereotipos y la prueba es que el viaje que hacen va en esa línea.

Bueno, cambiando de tercio, sé que estás preparando una obra nueva, un monólogo que va a hacer Rocío Vidal, y me gustaría que me contaras los pormenores de esta nueva aventura teatral.

Es un monólogo que se llama Los amores diversos, y es la historia de una mujer que, después de recibir la noticia de la muerte de su padre, decide ir al despacho de su padre, en el domicilio familiar, con la excusa de buscar algún texto que leer en el entierro. Aunque realmente lo que busca son respuestas entre sus libros para una muerte que no está muy clara, y ha tenido lugar en un momento muy importante de su vida, porque ella está a punto de emprender un viaje con su pareja, que es una mujer con la que está viviendo una relación en secreto. A lo largo de esa noche hace un recorrido a través de esos libros que ha compartido con su padre, que era filósofo, y cómo esos libros han construido la mujer que ella es hoy. De algún modo es un laberinto lo que planteamos, por eso ella se llama Ariadna, y ella tiene que recorrer ese laberinto de versos, se citan muchos poetas, muchas autoras, hay muchas voces de mujer, y a través de esos versos ella va recomponiendo su relación con su padre, que sería uno de sus amores diversos, la historia de amor que está viviendo con Emma, que tampoco es un nombre casual, sino que responde al referente de Emma Bovary, y el amor hacia sí misma, que es el que tiene más desdibujado de todos. Es un viaje hacia la identidad y es un canto de amor a la literatura, a la vida, y estamos muy emocionados con el proyecto. Se publicará en Antígona también, junto con De mutuo desacuerdo, que se publica este año también, con lo cual estoy feliz también. Y estamos en fase de preproducción, no sé cuándo se estrenará, quizás después del verano, pero estamos preparándolo y es un proyecto que nos tiene muy ilusionados. Es una función muy intensa, muy de desnudo emocional, hay drama con algún elemento cómico más de humor negro, pero es un cambio de registro total respecto de De mutuo desacuerdo, porque a mí me gusta mucho trabajar varios registros, si no al final terminas repitiéndote. Lo bueno de escribir precisamente es que te puedes meter en muchas pieles, en muchos lugares, y justo esto fue después de De mutuo desacuerdo que era una comedia muy ágil, muy viva y con mucho color, y quería meterme en un lugar un poco más oscuro, más cerrado, más intimista, aunque en el fondo los grandes temas siempre están muy relacionados. Hay temas como la identidad que están en todo lo que escribo, una mujer que ha perdido a su padre, una pareja que se separa… al final todos se hacen una misma pregunta: ¿quién soy? ¿Y quién quiero ser?

Cambias de registro y cambias de género, porque también eres novelista. ¿Puedes ya decir que vives de lo que escribes?

Ahora mismo, afortunadamente, sí. A cambio tengo que escribir mucho, pelearlo mucho, y bueno, dejando a un lado el terrible IVA cultural, que nunca termina de bajar, también los escritores tenemos que recordar la dignidad del oficio, a veces parece que tenemos que recordar que escribir no se escribe gratis, que es un trabajo, que son muchas horas, y es complicado. Pero bueno, ahora sí, las novelas van bien, el teatro va bien, hay muchos proyectos sobre la mesa, y la prueba es que en junio voy a hacer una pausa en la enseñanza, porque saco una nueva novela juvenil a finales de año y tendré mucha promoción y mucho movimiento.

Y por terminar ya, quería preguntarte por tus referencias básicas, de aquello que se amontona en tu mesilla de noche…

Mi mesilla de noche es tan heterogénea como mis textos. Yo devoro libros y devoro espectáculos, porque si escribes teatro y no ves teatro, sería un problema. A bote pronto te diría que desde luego soy un lector apasionado de autores como Pinter, como Mamet. Me gusta muchísimo aquí Ernesto Caballero y Mayorga, que me marcaron mucho cuando yo empezaba a escribir, fueron los primeros autores vivos que me influyeron como lector adolescente. Me gusta muchísimo todo el teatro del absurdo, luego no suelo utilizar mucho el absurdo en mis obras, pero sí que sus problemas son los problemas con los que más conecto. Tengo debilidad por Koltés. Y luego autoras, hay muchas novelistas que para mí son esenciales como Susan Sontag o Virginia Woolf, o Pardo Bazán, que me encanta. Y mucha poesía, por eso quizás Los amores diversos es un homenaje a la poesía, Cernuda es uno de mis autores de cabecera, y entre la gente joven que está escribiendo en España me gusta mucho Elena Medel… y así podría seguir, hay muchísimos más.

Fernando J. Lopez